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Autoestima Del Venezolano -

Esa tarde, Simón llegó a su casa y vio a su hijo sentado en el sofá. Sin decir una palabra, se fue a la cocina y sacó los ingredientes. Harina, queso, azúcar. "Caraotas" de la noche anterior.

Esa frase le daba vueltas en la cabeza a Simón. ¿Cuándo se habían olvidado de valer por lo que eran? Recordaba a su abuelo, un llanero de aquellos que "no se aguantaba a nadie", que plantaba cara al sol y a la sequía con el mismo estoicismo. Ese era el venezolano de antes: orgulloso, dicharachero, con una fe inquebrantable en su tierra. Ahora, el orgullo nacional parecía depender de si conseguías harina de maíz precocida o si tenías family en Miami que te enviara remesas. autoestima del venezolano

Existen copias digitales para consulta o descarga en plataformas de documentos como Scribd . Esa tarde, Simón llegó a su casa y

—Mira esto —dijo Simón, señalando la comida—. Tú dices que no tenemos nada. Pero tú eres hijo de un hombre que arregla lo que el mundo tira. Yo no necesito que un gringo me diga cuánto valgo. Mi título hoy es este: yo reparo. Yo no me rindo. Yo no abandono mi tierra porque las cosas estén duras. Eso es lo que somos. No somos pobreza, somos resistencia. "Caraotas" de la noche anterior

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—¿Y los tenis? —preguntó el chamo, tratando de no sonreír.